#MeRegresaríaDemasiado

No es la primera vez que ciudadanos de un país buscan nuevas experiencias y mejores oportunidades en el extranjero. La particularidad en Venezuela es que el sentimiento de urgencia para salir de la patria es una epidemia nacional. La gravedad, no verlo como una vivencia temporal sino como una salida permanente e ‘irreversible’

meregresariademasiado

#MeRegresaríaDemasiado 

No es mi intención juzgar a nadie, salí del país hace más de cuatro años para experimentar con una pasantía de 3 meses en el Reino Unido, oportunidad que evoluciono y me ha permitido seguir viviendo en el país del fish and chips. Como un joven recién graduado, acaparaba ingenuidad, convencido de que ‘en un par de años regreso a Venezuela pa’ comerme al mundo, ya que regreso con experiencia laboral en el extranjero’.
Las ganas de regresar a mi país no han disminuido, pero ciertamente han sido pospuestas. Y es que no soy pendejo, escoger  entre vivir en un país donde el derecho a la vida es fundamental o volver para ‘sobrevivir’ en una patria donde la vida no vale nada – me quedo en el país de Los Beatles… por ahora.

#MeRegresariaDemasiado – No se trata de una burla al documental  ‘Caracas, Ciudad de despedidas’ (y su famoso me iría demasiado), sino analizar la situación desde otra perspectiva.

#MeRegresaríaDemasiado para trabajar por el progreso de mi país, para compartir lo aprendido en el exterior y para aprender de los que se quedaron.

#MeRegresaríaDemasiado para vivir cerca de mi familia, para entablar conversaciones en carne y hueso con familiares y amigos, para descansar de tratar de cuadrar conversaciones vía skype en la madrugada o de mantener amistades vía whatssap.

#MeRegresaríaDemasiado para ‘jartar’ arepas (de todos los rellenos), cachapas con queso guayanés, tequeños, hallacas, pan de jamón, empanadas, pabellón, asado negro, pepitos, perros calientes de calle del hambre, chicha, tres leches, quesillo,  bien me sabe y pare usted de contar.

#MeRegresaríaDemasiado pa’ echar un pie de merengue, y salsa. Organizar un pre-despacho y salir de rumba con los panas. Cuadrar partidas de domino y caimaneras de futbol.

#MeRegresaríaDemasiado  para disfrutar del clima perfecto. Nada como vivir en el extranjero para saber que solo Venezuela esta bendecida con un clima inigualable.

#MeRegresaríaDemasiado  por el calor humano, el sentido del humor del venezolano, su cultura de compartir y su solidaridad, las ganas de salir pa’lante y mantenerse positivos.

#MeRegresaríaDemasiado para viajar ida por vuelta para la Guaira, pasar un fin de semana en Choroní, relajarme en los callos de Morrocoy, cuadrar con los panas para higuerote, Diciembre en Margarita con la familia, Mérida para la feria del sol, acampar en la gran sabana, plan parrilla los viernes, subir al Ávila los domingos y mucho más.

La decisión de irse o quedarse es muy personal y debe ser respetada. En lo que deberíamos enfocar nuestros esfuerzos es convertir a Venezuela en un país de oportunidades, un país para quedarse, un país tan arrecho que todos los venezolanos en el extranjeros griten “Me regresaría, me regresaría demasiado” (sarcasmo – no todos hablamos así).
Acto seguido empaquen maletas y se re-encuentren con familiares y amigos, aporten a la sociedad con sus estudios y experiencia profesional en el exterior, monten empresas e inviertan su capital/churupos ahorrados en monedas estables (de esas que no necesitan auto-denominarse ‘fuertes’).

A este punto del articulo usted se preguntara ¿De que Venezuela estás hablando?, que amigos y familiares si todos se fueron o están yendo, que trabajo si lo que paga es el chanchullo, que arepas si no hay harina PAN ni pollo para la reina pepiada, que rumbita con este hampa a millón, que plan playita si no alcanza la plata”. Pues amigo lector les doy toda la razón.

Pues no queda otra que luchar para construir la Venezuela que merecemos.Me he dado cuenta que añoro una Venezuela que ya no existe. Inclusive idealizo la Venezuela pasada, ya que – con todos los errores que tenía – al lado del desastre actual parece perfecta.

Yo aportare mi granito de arena desde el exterior con las siguientes iniciativas (y en cualquier otra que me necesiten):

La realidad

Sería muy egoísta de nuestra parte (los venezolanos en el exterior) esperar que los se quedaron resuelvan todos los problemas. Debemos luchar sin importar nuestra ubicación actual.

Y es que sigo firme, me gustaría regresar a mi país, claro está bajo ciertas condiciones:

#MeRegresaríaDemasiado si se respetara el derecho a la vida.

#MeRegresaríaDemasiado cuando la batalla no sea chavismo contra oposición sino venezolanos contra la corrupción.

#MeRegresaríaDemasiado si el salario no perdiera su valor en menos de lo que toma leer esta frase.

#MeRegresaríaDemasiado cuando encontrar medicinas no sea una odisea.

#MeRegresaríaDemasiado cuando se persiga al hampa y no a los estudiantes.

#MeRegresaríaDemasiado si se respetara la propiedad privada y se promoviera la inversión.

#MeRegresaríaDemasiado cuando la vida valga más que un ‘smartphone’.

#MeRegresaríaDemasiado cuando la polarización sea entre un Caracas–Magallanes y no Chavistas y Oposición.

#MeRegresaríaDemasiado  cuando la libertad de expresión sea comprendida por el gobierno y no comprada a la fuerza.

Así que nos toca luchar para que estas condiciones se logren más temprano que tarde.

No hay que hacer un análisis profundo para ver la diferencia entre la emigración de las décadas pasadas y la actual.

Por la década de los 70 los venezolanos salían al exterior para especializarse y volver al país. Venezuela les daba la bienvenida con oportunidades de trabajo e independencia económica (sueldos acordes a su experiencia, oportunidades para alquilar/comprar su propia apartamento), con niveles de inseguridad mucho más ‘tolerables’ al actual (ya desde hace años la inseguridad es intolerable) y con un mercado competitivo basado en la meritocracia.

Programas como la Fundación “Gran Mariscal de Ayacucho” (iniciativa iniciada en 1974), propusieron producir los recursos humanos que nos permitirían a través de un proceso de captación y de transferencia de tecnología, superar las etapas de dependencia científica y tecnológica e incorporarnos definitivamente al grupo de los países desarrollados y verdaderamente autónomos. Muchos venezolanos viajaron y estudiaron en el exterior para luego regresar y construir un mejor futuro para el país.

En la actualidad, los venezolanos ya preparados (técnico/universitarios), y en un gran número con postgrados y especializaciones, se van del país en busca de nuevas oportunidades, rutas de escapes, sueldos acordes a su preparación, seguridad, progreso, calidad de vida, comida en los supermercados y medicinas en las farmacias. No se van con aspiraciones de realizar una especialización y regresar al país. Se van con la esperanza de encontrar un trabajo en el exterior y establecerse en ese nueva nación (que no va a ser fácil), para empezar a vivir en vez de sobrevivir.

Quedarse con un sueldo que se lo come la inflación y la devaluación, sin esperanzas de independencia económica y temiendo constantemente por su vida es el mayor incentivo de estos compatriotas para hacer maletas y arriesgarse. No es fuga de talentos, es que la Venezuela “revolucionaria” es alérgica al talento – y tal cual estornudo – los expulsa del país como mecanismo de defensa.

En lo personal, puedo ver ese claro  ejemplo en mi familia.

Del lado paterno, mi padre junto con mis tres tíos vivieron por determinados periodos en el exterior debido a que mi abuelo fue (además de un gran periodista, abogado y economista) embajador de Venezuela en Suecia y Finlandia. Todos completaron parte de su educación en el exterior, inclusive mi padre decidió hacer su carrera de Medicina en España. La gran diferencia de esa generación, es que había un deseo de regresar al país luego de sus estudios (un gran sentido de pertenencia); y más importante, Venezuela les daba la bienvenida con los brazos abiertos. Mi padre y mis tres tíos regresaron al país a hacer vida y carrera, aun teniendo la oportunidad de haber establecido su vida fuera de Venezuela.

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Para la siguiente generación (la mía y la de mis primos) la situación es diferente.  Hoy 4 de los 5 jóvenes ya vivimos fuera del país y no podemos decir que tenemos fecha de regreso planeada, ni en el mediano ni en el largo plazo. La quinta integrante ya está considerando irse del país.

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Del lado materno, mis abuelos escaparon de España para Venezuela, la tierra de oportunidades en esos tiempos. Lamentable ver que, dos generaciones después, se volteó la tortilla y mis primos están buscando vida en España. Involución de país de inmigrantes a país de emigrantes.

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Yo crecí con los beneficios de los frutos del arduo trabajo de mis padres. No hay lugar como Venezuela. Sin embargo, al escuchar las experiencias de mi padre en la Europa siempre quise pasar un tiempo afuera para crecer personalmente y vivir nuevas experiencias. Y es que pasar tiempo en el exterior (por más pequeño que sea) es abrir los ojos.

sobrevivir zapataNo es normal vivir con constante paranoide por la inseguridad. No es normal hacer cola para un pollo o para papel tóale. No es normal no encontrar la medicina que necesitas inclusive después de visitar una veintena de farmacias. No es normal que nos estén matando y solo sale en las noticias y se le pare bola si eres modelo, actriz o diputado. ¡No es normal! … Que la gente se acostumbre es otra vaina…

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Hay que rescatar a Venezuela y construir el país que nos merecemos, del país del ‘No hay’ al del ‘Si hay’. Me adormece leer comentarios y blogs echándole la culpa de lo que pasa en el país a los que se fueron, o a los que se quedaron, o a los que usan twitter, a los que no usan twitter, etc, etc, etc. La culpa claramente es de una serie de gobiernos incompetentes, con Maduro como la guinda de la gran torta (y en efecto la culpa es de todos los venezolanos que permitimos a todos esos gobiernos ‘poner la torta’).

Mucho se habla de los que se quedan y de los que se van. Poco se habla de como recuperar al pais para que la gente se quede y los que se fueron quieran regresar.

Mucho control de cambio…
Poco cambio de control.

Hasta pronto.

Escrito por: Gonzalo González

El Arepón 

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fuga de cerebro

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